«Le he dicho tres veces que me sacara el vino y no hay manera»; «Me ha dado kilo y medio de cerezas y le he pedido medio kilo; me he gastado un dineral»; «No te hablo de mi novio, no, de mi exnovio», y así, infinidad de ejemplos. Si la comunicación es la clave para la concordia, la expresión no verbal lo es todo para comprender los mensajes y comunicarnos de forma eficaz con los demás. Un 80% de la información oral se completa con la que aporta la expresión no verbal pero con el uso de la mascarilla nos quedamos con la mitad de los recursos para hacernos entender y hay situaciones en las que la comunicación se nos vuelve ineficaz, dando lugar a malentendidos, confusiones y enfados. Este es el momento de esforzarse sobremanera en sustituir la información no verbal de la parte inferior de la cara remarcando los gestos de cejas y ojos, también de brazos y cuerpo y, sobre todo, con la comunicación oral. Es mejor pecar de pesados dando la información tres veces o preguntando en varias ocasiones si se ha entendido el mensaje, aclarando conceptos o ideas principales, porque lo más probable es que haya una falsa comunicación que no será eficaz en la mayoría de casos. También deberíamos trabajar la empatía, es decir, ponernos en el lugar del otro. Hemos de ser conscientes de la dificultad de la comprensión de nuestras palabras, agravada por la posible falta de atención ante la distancia de seguridad y los nuevos protocolos a seguir, por lo que haremos bien si perdonamos a quien no nos ha entendido correctamente y, aunque nos haya perjudicado de alguna manera, ser capaces de darnos cuenta de esa dificultad, procurar subsanarla y, si no se puede ya, no tenérselo en cuenta al otro sino asumiendo nuestra parte de responsabilidad: no nos hemos hecho entender correctamente. A la próxima lo haremos mejor.